Mi madre enciende la tele, miro hacia arriba y veo niños y niñas como yo, con la cara pintada de negro –allí serán carnavales o algo-, y tres filas de moscas por la cabeza. Me molestan mucho las moscas, siempre se quieren meter en los potitos y eso no me gusta. Sin embargo, a los niños de la tele creo que les dan igual las moscas porque sonríen todo el rato. Claro, en ese país los niños no comen potitos, pero meriendan mucho porque su tripa es más grande que un balón de fútbol. Un día iré a llevarles unos potitos y les preguntaré qué hacer para aguantar a las dichosas moscas.

Mi padre abre el periódico y veo una fotografía de un paisaje bastante roto con muchos peques y mayores debajo. Creo que son amigos de los que vi antes en la tele porque también se han pintado la cara; si tengo tiempo después de la guarde, igual salgo a jugar con ellos porque saben también bastante de moscas y me ayudarán a echarlas de mis potitos. Aunque en ese sitio son un poco raros porque han construido casas sin tejados, sin paredes y tienen todos los ladrillos rotos y tirados por el suelo. Al lado de los edificios también veo otros niños, aunque la verdad es que cada vez menos porque creo que se los están llevando a otro sitio, me imagino que de vacaciones (pero sin que se enteren sus padres y madres, debe ser algo así como una sorpresa).

Mi tía enciende el ordenador y lee una noticia sobre unas niñas (creo que tienen 10 años o más) que están muy lejos de aquí y trabajan mucho para que los mayores de mi ciudad puedan comprar ropa, zapatillas y otras cosas bonitas. También iré a visitarles para decirles que se lo pasarán mucho mejor conmigo y con mis juguetes. Y casi seguro que les regalaré alguno porque yo tengo muchos juguetes y además ya no juego con casi ninguno.

Mi abuelo enciende la radio y un señor con voz ronca habla sobre otro que flota -de aviones, creo-. Y como mis amigos de la tele, del periódico y del ordenador estarán muy lejos he pensado en llamarle (aunque me da un poco de miedo porque siempre está enfadado) para que me lleve donde mis amigos los de los carnavales. Me han dicho que con 16 meses todavía puedo ir gratis en los aviones. Pero igual al final no puedo ir porque me dice el abuelo que no hay plazas en los aviones. Además, hay otros niños y mayores que llevan más de 5 años ahorrando para ir al mismo sitio donde están mis amigos y, como yo no tengo nada ahorrado, seguro que me ponen en lista de espera.

Mi abuela abre una revista bastante aburrida que está llena de números y me cuenta que a un señor de su edad, con pelo blanco por los lados de la cabeza y que se apellida como yo pero seguro que no es de mi familia, le van a pagar 80 millones de euros por dejar de trabajar. Debe haberlo hecho muy mal en su trabajo porque yo no sé contar hasta 80. Como la abuela también va a dejar de trabajar porque es bastante vaga, me tengo que acordar de preguntarle si, cuando le den a ella los 80 millones de euros, nos llegará para comprar 15 ó 20 potitos para mis amigos los de los carnavales. Si el señor flotador me lleva en alguno de sus aviones iré yo misma a llevárselos (después de comprar tantos potitos no creo que tengamos ya dinero para el billete de la abuela, y como ya os he dicho que yo vuelo gratis…).

Antes y después de todas estas cosas y niños que salen en la tele, en los periódicos, en el ordenador, en la radio y en las revistas aburridas siempre veo la misma palabra, por todas partes, una y otra vez. No sé porqué pero hoy estoy muy triste. Igual mañana, si estoy más contenta, le pregunto a alguien de mi familia qué es eso de la crisis.

 
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